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	<title>Sapiens Sapiens &#187; Artículos en Español</title>
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		<title>El placer en la mesa</title>
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		<pubDate>Wed, 11 Aug 2010 20:13:47 +0000</pubDate>
		<dc:creator>admin</dc:creator>
				<category><![CDATA[Artículos en Español]]></category>
		<category><![CDATA[placer; comida; fuente de energía; nutrición]]></category>

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		<description><![CDATA[Sabemos que la comida es fuente de energía para el cuerpo humano, pero ¿por qué las personas establecen con ella una relación que va más allá de la nutrición?]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>El tráfico estaba intenso, como todas las tardes, en São Paulo. Solo en el coche, y con muchas ganas de llegar a casa, buscaba alguna buena compañía en la radio. Parecía que las emisoras habían hecho un complot, poniendo todas ellas antiguos éxitos de poco interés. La programación clásica, ponía una ópera angustiante y los noticieros repetían las informaciones del mal tiempo y de la mala política.</p>
<p>Fue cuando encontré un oasis radiofónico: los comentarios de un <em>chef</em> de cocina. István Wessel, hablando pausadamente, explicaba a los oyentes la receta de una ensalada diferente. Era algo como: cortar en cubitos una manzana verde, una roja y una cebolla. Agregar sobre los cubitos, dos cucharadas soperas de mayonesa y un vaso de yogurt natural. Mezclarlo todo y agregar una cucharita de azúcar, una pizca de sal y unas hojas de eneldo fresco.</p>
<p>- Perfecta para acompañar milanesas calientes o frías – explicó el <em>chef</em>.</p>
<p>Ahora tenía un objetivo o al menos una razón para alegrarme aquel fin de día. Sabía que nuestra cocinera, Ivonete, había preparado milanesas y como yo no había comido en casa, seguramente habían quedado algunas. Pasé por el súper, para garantizar que no faltaría ningún ingrediente para el preparo de aquel sencillo plato y llegué a casa lleno de alegría. De hecho, las milanesas estaban en la nevera, esperando su noble destino.</p>
<p>Abrí una botella de sauvignhon blanc chileno, puse Yo-Yo Ma en el equipo, vestí un delantal y me metí en la cocina. Cuando llegó Lu, se encontró con un marido feliz. Allí estaba yo, en el sitio más frecuentado de la casa, tanto que solemos llamarla “cocina de estar”, donde pasamos mucho tiempo juntos y donde nos gusta invitar a los amigos. Saboreamos las milanesas de Ivonete, la ensalada de Wessel y el vino chileno, alimentando el cuerpo y el alma.</p>
<p>Era uno de aquellos deliciosos momentos proporcionados por la comunión de la mesa. La experiencia de comer sin tener como única finalidad la energía de los carbohidratos, la estructura de las proteínas y la regulación de las vitaminas es increíble. Por ser tan importante para la salud y para la supervivencia, la naturaleza confirió al acto de comer el sentido del placer. La humanidad, con la sofisticación, ha elevado el acto de preparar y consumir el alimento a un estado de arte.</p>
<p><strong>¿Es cierto que la comida nos tranquiliza y nos deja más alegres?</strong></p>
<p>El hambre es una sensación desagradable provocada por hormonas neurotransmisoras que se esfuerzan por mantener el cuerpo pese a la caída de los niveles de combustible orgánico. Parte de esta sensación se debe al miedo a morir, lo que es una posibilidad real para un organismo que no se alimenta. Y de ahí el aumento del estrés, del malhumor y la dificultad de concentrarse.</p>
<p>De este modo, deducimos que alimentarse tranquiliza y disminuye el estrés. En cuanto llenamos la barriga, el cerebro produce impulsos hasta derramar  una porción extra de serotonina en el organismo, generando la sensación de bienestar cuando comemos. Por tratarse de un instinto, ocurre ya en los primeros segundos de vida. ¿Lo dudas?</p>
<p>Observa un bebé y comprueba. Todo bebé se tranquiliza al mamar. Así , como entre madre e hijo, alimentarse es un cambio continuo entre el hombre y el mundo. Cuando comemos, lo que estaba fuera pasa a estar en nuestro cuerpo. Lo que significa que el hecho de alimentarse repone el ser humano en el macrocosmo, porque un mundo come a otro.</p>
<p>Nota: el hombre planta la comida y la come; el ave come lo que sobra y lo elimina; el urubú come lo muerto y lo evacua, el verme come lo que sobra y repone al suelo. Todo lo que se planta se cosecha; todo lo que nace, muere. Es el ciclo de la vida. Todos tragan un poco de todo y este todo se reintegra y lo que nos queda es un bollo azul de Tierra, asado a 6000oC en un horno llamado Sol. ¿Quieres?</p>
<p>Desde que empezamos a organizarnos como especie, hicimos del acto de comer un momento de intercambio. Si intercambiamos elementos químicos con el planeta, entre nosotros humanos cambiamos elementos emocionales. La mesa es el lugar donde todos nos ponemos en un mismo plan, donde las miradas tienen mayor posibilidad de cruzarse. Una comida en familia es un momento de reposición de energía amorosa. Una cena en pareja es una liturgia de complicidad. Un desayuno, aunque solo, es el prenuncio de las emociones de vivir un día más. Una comida no es solamente una comida, es una ceremonia donde la vida será transformada en más vida.</p>
<p><strong>¿La gastronomía es el arte suprema del gusto?</strong></p>
<p>La gastronomía es, probablemente, la más completa de las artes. La verdadera arte es la que despierta sensaciones que no son provocadas por los órganos de los sentidos a que se destinan primeramente. Lo he notado varias veces. Al escuchar Bach puedo “ver” las ovejas paciendo tranquilas. Ya “olí” lavandas en un lienzo de Paul Cézanne y ya “escuché” el grito de Edvard Munch. La buena arte es sorprendente. Te atrapa por los ojos, por los oídos y te secuestra todo el cuerpo y el alma.</p>
<p>Así, la culinaria es la más arrebatadora de las artes. Puedes ver, oler, escuchar, sentir y degustar un buen plato. Recuerdo a los franceses Anne y Jean Michel, dueños de un hotel de cinco habitaciones llamado Domaine de Mejeans, ubicado en un área rural de Aix-en-Provence, al sur de Francia. Es un pequeño hostal que quiere ser mucho más que eso y lo logra porque tiene el compromiso con el arte de bien recibir y servir.</p>
<p>Después del desayuno, servido en el balcón, compuesto por <em>café au lait</em>, panes, mantequilla fresca y mermeladas hechas con frutas del jardín, Jean Michel pregunta: “ ¿Vendrán a cenar?” “Sí”, contestamos prontamente, pues sería imposible perder aquella fiesta. “Será servida a las 9 en punto”, nos avisa. Tras un día de aventuras por Provence, nos sentamos a la mesa en el pequeño comedor, decorado de manera sencilla y acogedora, para iniciar la cena que, en este caso, es más que una cena, es una sinfonía bien orquestada de sensaciones.</p>
<p>“De entrada, un caldo de mariscos – noten el movimiento de las olas del mar”, nos recomendó el <em>chef</em>. “Ahora la ensalada – observen el frescor de las hojas, que fueron recogidas jóvenes en nuestra huerta”, siguió. “Como plato principal, un <em>sea bass</em> que he comprado en el mercado de Marseille esta mañana, es posible escuchar en él los gritos de los pescadores”.</p>
<p>La buena culinaria nos toca por entero. Y no importa si estamos hablando de alta gastronomía francesa acompañada de vino bordeaux o de frijoles “à paulista” servidos en el Mercado Municipal, acompañados de una caña. Sentí el mismo placer olfativo al entrar en un bar corso en Milán, en un restaurante griego en Nueva York, en el portugués de la esquina que sirve un plano combinado y en mi casa, cuando llego y siento la mezcla de ajo y cebolla acariciada por el aceite en una sartén caliente.</p>
<p>La buena culinaria no es cara ni barata, no es sofisticada o sencilla. Es solamente culinaria. Se vale de buenos ingredientes, los combina con inteligencia, respeta los temperos y está hecha con dedicación y amor. Los platos traducen los sentimientos de quienes los preparan, como vemos en la literatura y en el cine. En <em>Como agua para chocolate</em>, Tita, enamorada de Pedro, el marido de su hermana, transmite su amor en los platos que prepara. No es una película sobre culinaria, sino sobre erotismo.</p>
<p>En <em>Estómago</em>, el nordestino Alecrim se hace referencia de la gastronomía cuando comete un crimen, va preso y transforma su talento culinario en herramienta de poder para hacerse el jefe de la cárcel. Es cierto, no es posible escribir sobre el placer en la mesa sin meter la cuchara en casi todas las esferas de la vida.</p>
<p>La culinaria es una técnica – sino no habría recetas. Doña Benta existe para propagar la técnica de cocinar, para enseñar que es necesario mezclar los ingredientes correctos y los temperos adecuados. Pero es una técnica que puede ser elevada a condición de arte. Para ello, el ingrediente principal  no es la receta, sino el amor de quien la prepara.</p>
<p>Cuando Babette, en <em>La fiesta de Babette</em>, gasta su pequeña fortuna para ofrecer una fiesta a sus jefes e invitados, y es reprendida por haberse quedado pobre, contesta con los ojos serenos: “Un artista nunca es pobre”. Es lo que vemos en cada cocina que transforma, a veces sin darse cuenta, culinaria en arte. Cocineras y cocineros, profesionales o amadores, los del sur o del norte, franceses o africanos, empleados o jefes. Todos serán ricos de alma si se dan cuenta que son artistas entre ollas e ingredientes.</p>
<p><em>Traducción: Nylcea Pedra (npedra@hotmail.com)</em></p>
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		<title>La persona y el ejecutivo</title>
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		<pubDate>Wed, 11 Aug 2010 20:10:52 +0000</pubDate>
		<dc:creator>admin</dc:creator>
				<category><![CDATA[Artículos en Español]]></category>
		<category><![CDATA[persona; ejecutivo; modelo mental; disponibilidad]]></category>

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		<description><![CDATA[Muchas empresas mantienen el modelo mental del siglo XX]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><strong> </strong></p>
<p><strong> </strong>La segunda mitad del siglo pasado vivió una gran ola de cambios comportamentales. Los nacidos después de la postguerra son diferentes de sus padres y abuelos. Informados, educados, inconformes, vinieron crear una nueva orden en el mundo.</p>
<p>Estas personas, que forman la mayor parte de la humanidad en nuestros días, son trabajadores de empresas, profesionales liberales, académicos, periodistas, inventores, emprendedores. Logran cambiar el orden de las cosas, crean un mundo diferente y, muchas veces, mejor. Pero, a veces, existe un obstáculo: es imposible cambiar el mundo sin cambiar los pensamientos. Y éste es el peligro: sigue existiendo un gran número de organizaciones cuyo “modelo mental” ha nacido y permanecido en el siglo XX.</p>
<p>Las personas quieren ser libres para pensar y sentir, desean dedicarse a un trabajo que haga sentido, niegan la injusticia, rechazan la intolerancia, claman felicidad. Pero estas mismas personas son los ejecutivos de algunas empresas ultrapasadas, que contratan para ejecutar estrategias de resultado. Con cierta frecuencia, dichas estrategias niegan sus propios valores, porque privilegian el resultado de supervivencia. Definitivamente, la lógica de la vieja empresa y del nuevo hombre están en descompás histórico – salvo honradas excepciones. Y es de esta dicotomía que nace la “esquizofrenia ejecutiva” que invade muchas reuniones.</p>
<p>El mundo fue igualado por la información, se hizo más pequeño y acelerado por la nueva economía, que exige una cabeza global, aunque se opere localmente. Para vivir en este mundo necesitamos una nueva mirada.</p>
<p>Ser un ejecutivo global es más que tener experiencia internacional. El ejecutivo global entiende el lugar de su comunidad en el mundo, sabe qué ocurre en otras comunidades y conoce la relación entre causas y efectos. Sobre todo, el ejecutivo global es quien no ha dejado de ser una persona, que no transgrede los valores humanos fundamentales y que se actualiza permanentemente. Entrega más resultado con menos esfuerzo, pues piensa estratégicamente y se utiliza de recursos éticos. Si estos no están disponibles, tiene competencia y valor para crearlos.</p>
<p><em>Traducción: Nylcea Pedra (npedra@hotmail.com)</em></p>
<p><strong> </strong></p>
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		<title>Amorosidad</title>
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		<pubDate>Fri, 06 Aug 2010 15:10:22 +0000</pubDate>
		<dc:creator>admin</dc:creator>
				<category><![CDATA[Artículos en Español]]></category>
		<category><![CDATA[amorosidad; egoísmo; amorosa; amabilidad]]></category>

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		<description><![CDATA[Dicen que falta amorosidad entre las personas en nuestros días. ¿Qué  significa eso? ¿No sería lo mismo que tenerle amor al prójimo?]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>- Hay dos tipos de personas en el mundo. Las que viven en estado de egoísmo y las que viven en estado de amor.</p>
<p>Hace mucho he escuchado estas palabras de una persona muy amorosa, inteligente y pianista estupenda: la profesora Adelaide Moritz, mi maestra en la música y en la vida. No me he olvidado nunca de su palabras por dos motivos: porque al poner “estado de” antes de los sustantivos egoísmo y amor, ha creado una nueva clasificación para la condición humana y porque ha definido el egoísmo como antónimo de amor, y no el odio, como comúnmente lo hacemos.</p>
<p>Lo hizo porque no se refería al amor en sí mismo, sino a la condición de amor, como un modo de ser. Es casi una filosofía vivir en estado de amor, es estar conectado al mundo por un cordón de luz, que ilumina las relaciones y las hace siempre agradables, independiente de ser afectivas, familiares, profesionales o circunstanciales.</p>
<p>Por otra parte, vivir en estado de egoísmo sería lo mismo que crear un cordón de aislamiento que aleja a las personas y condena a su “usuario” a una vida pobre de espíritu y corta de esperanza. Vivir en egoísmo significa quererlo todo para sí mismo, no compartir, desconsiderar las necesidades y los sentimientos ajenos. Ser un habitante del estado de egoísmo es lo mismo que declarar guerra al mundo, usando como armas palabras duras, desconfianza permanente y falta de respeto latente.</p>
<p>Todos conocemos a personas de los dos tipos, pero voy a hablar aquí de las del primero. De aquellas personas que, por índole y opción, viven en amorosidad, lo que no significa que no puedan ser duras cuando necesario. Me recuerdo que la profesora Adelaide era amada por sus alumnos incluso cuando era exigente y demostraba que no estaba satisfecha con nuestro desempeño. Personas amorosas son amadas porque son amorosas y son amorosas porque no tienen miedo a ser amadas. Hay quien diga que amar es fácil y que lo difícil es ser amado. Los verdaderamente amorosos dejan el camino abierto en los dos sentidos.</p>
<p>Es importante aclarar que ser digno de amor no significa ser bondadoso, correcto, modesto y gentil para hacer amigos e influenciar a personas. Esto es ser amable. “La amabilidad, es el simulacro de la moral”, explica el filósofo André Comte-Sponville, que se dio el trabajo de escribir el <em>Pequeño tratado de las grandes virtudes</em>. El filósofo afirma que actuar de modo amable no es ser amoroso, pero es el principio. La esperanza es que de la amabilidad surja el noble sentimiento. Al ocupar el amor que le falta, por hábito o por educación, la moralidad puede transformarse en amorosidad, su estado más elevado. Al alcanzar este auge las virtudes se disuelven y se transforman en una, pasando a ser practicadas sin artificio, al natural, con azúcar, con afecto, con amor verdadero.</p>
<p>Según esta visión, vivir en estado de amor puede ser una opción, algo que puede desarrollarse conscientemente, una actitud que comienza en la mente y termina por instalar un nuevo modo de ser en el corazón. El mundo se lo agradece.</p>
<p><strong>¿La amorosidad es una de las manifestaciones de la capacidad humana de amar?</strong></p>
<p>Amorosidad no es amor, es un hábito de quienes son capaces de amar. Pero, para ello, es necesario vivir el amor en sí, lo que da más trabajo de lo que aparenta, pues hay más de un tipo de amor y sólo seremos completos cuando conozcamos a todos ellos. Para comprenderlo mejor podemos ir al mundo griego antiguo, sencillo y coherente, y reducir la esencia del amor a tres tonos primarios: Eros, Philia y Ágape.</p>
<p>El tipo más primitivo de amor es el erótico. Egoísta, incompleto, es una especie de deseo por lo que nos falta. La palabra viene de Eros, dios del amor, fruto de la unión de Penia, la penuria, y Poros, el fastuoso. Hijo pobre, sucio, sin zapato, sin techo y siempre hambriento, hereda del padre la atracción por lo bello y por lo bueno; es sagaz, cazador y siempre está confabulando, deseando más y más.</p>
<p>Eros nace de un golpe de Penia, dado mientras Poros dormía ebrio tras la fiesta de nacimiento de la diosa Afrodita. La diosa de la penuria quiso aliviar su condición miserable teniendo un hijo con el señor de la riqueza y así concibió a Eros, quien ha vivido siempre bajo intensa atracción a lo bello, pero oscilando entre los extremos, porque era pobre, pues no poseía nada, y rico porque guardaba recursos potenciales para generar nuevas vidas. Eros quiere siempre más, cobija salir de sí mismo, corre siempre detrás del saber, de la belleza, de la fertilidad. Es angustiado e insaciable.</p>
<p>La forma más embustera de los amores, el amor erótico generalmente se consuma con el contacto sexual. “En verdad, el amor de ellas [personas enamoradas] es un egoísmo a dos; son dos personas que se identifican la una con la otra y solucionan el problema del estado de separación con el encuentro erótico”, dice el psicoanalista Erich Fromm. Amor sediento que busca embriagarse incluso cuando está saciado, es como la ausencia llena de vacuo, siempre a la espera de alguna completud inacabada, vacía. Así es Eros.</p>
<p>Necesario y proprio de nuestra condición de humanos incompletos, Eros no representa la amorosidad, a pesar de poder formar parte de ella como generador de vida. Este estado comienza – sí, solamente empieza – a manifestarse a través del segundo modelo, el amor Philia, que es fraternal, compañero. Menos estimulado por la posesión, este tipo de sentimiento se cristaliza por la amistad y su placer deriva del simple hecho de estar junto, de compartir momentos. Philia se alimenta de la conversación, del cuidado, de la alegría, del compartir. Es generoso, pero tiene su lado egoísta, pese manifestarse como altruista, una vez que se pone siempre a servicio del otro. Su egoísmo deriva del hecho de que al servir al amigo se siente placer, por eso se sirve.</p>
<p>De Philia surgieron nombres como filosofía, que significa amor a la sabiduría, al conocimiento; en zoología, el estudio de los animales, se usa la palabra filo para designar grandes grupos de especies que tienen afinidades entre sí. Nosotros humanos, por ejemplo, pertenecemos al filo de los vertebrados, porque así como los peces, las aves, los reptiles y otros mamíferos, tenemos una columna vertebral. Constatamos que incluso la ciencia busca inspiración en los mitos griegos para explicar sus conclusiones.</p>
<p>Superior a estas cosas mundanas, como el erotismo y la amistad, encontramos el amor Ágape, que eleva el amor a un estado divino, inmaculado. En verdad, va más allá del amor, es universal, sin predilección ni elección, es enteramente desinteresado. No es pasión, ni amistad, es divino, creador. Es el que da valor a lo que no tiene ningún valor en sí mismo. No exige capacidades, las concede. Es la aceptación invariable del otro, sea como sea, amigo, enemigo o indiferente.</p>
<p>Quien vive en estado de amor y tiene amorosidad como filosofía experimenta el amor Ágape todos los días. Este es un tema que no escapó a los filósofos, lo que se explica por su importancia. “En esencia, todos los seres humanos son idénticos. En verdad, somos todos parte del Uno”, concluye Erich Fromm, para explicar la amorosidad. “Ser amado precede la gracia y prepara el estado de amor”, dice Comte para expresar el origen de todo.</p>
<p>Platón presenta en <em>Banquete</em> dos teorías para explicar la amorosidad: como no podemos escapar de nuestra incompletud, direccionamos nuestro amor a otros cuerpos y generamos hijos, o lo expresamos en el arte, en la política, en la poética, en las ciencias, en las filosofías o en lo que sea, dando prioridad a lo bello. “Seguir el amor sin perderse en él, obedecerle sin encerrarse es transponer una tras otra las gradaciones del amor: amar primero un sólo cuerpo, por su belleza, después todos los cuerpos bellos, luego la belleza que les es común, después la belleza de las almas, que es superior a la de los cuerpos, en seguida la belleza que está en las acciones y en las leyes, después la que está en las ciencias, finalmente, la belleza absoluta, eterna, sobrenatural, la de lo Bello en sí, que existe en sí misma, de todas las bellas cosas que participan, de que preceden y reciben su belleza…”</p>
<p><strong>¿Ser amoroso es tener la capacidad de amar por el amor en sí, sin contrapartida, sin interés, sin posesión, como una madre ama a su hijo?</strong></p>
<p>La amorosidad está presente en las relaciones familiares, pero va más allá de ellas y se extiende al mundo mejorando las relaciones. Entre los miembros de la familia, especialmente entre la madre y el hijo la amorosidad gana profundos contornos de Ágape. Sin embargo, muchas veces, se pierde en este camino, pues Ágape presupone la no posesión,  sentimiento que la madre tiene que esforzarse mucho para no desarrollar.</p>
<p>Todas las madres aman, pero hay madres amorosas y madres posesivas. La amorosa sabe que su hijo nació de ella, pero sabe también que no le pertenece de verdad, por ello, prepara el hijo para la vida y se prepara para dejarlo partir y vivir su condición de individuo, con sus virtudes y defectos, conociendo conquistas y riesgos. La madre posesiva es egoísta es controladora. Exige amor y entrega porque ama y se entrega. Pero la amorosidad no es eso, no es moneda de cambio ni objeto a compartirse. El amoroso, es libertario, no retiene, no exige, no controla.</p>
<p>Amorosidad es una condición humana elevada, acerca a las personas a un conjunto de virtudes, pues en ella están incluidos el cuidado, el respeto, la confianza. La amorosidad es bella, buena y verdadera. Si Eros, Philia y Ágape son dioses que personifican el amor, la amorosidad es la calidad que eleva a los humanos a la condición de dioses. El amor de madre es el comienzo de ese entrenamiento para alcanzar la divinidad, pues es el primero, el más grande, puro y completo. Pero no puede ser egoísta, pues perdería la calidad de producir amorosidad, una vez que encontramos en ella la libertad, valor mayor e insustituible.</p>
<p>Concluimos que si la amorosidad no es amor es porque él la fertiliza y, al hacerlo, genera una sublime posibilidad humana: la de construir la paz, esta indefectible condición para la felicidad.</p>
<p><em>Traducción: Nylcea Pedra (npedra@hotmail.com)</em></p>
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		<title>Coherencia, la palabra del momento</title>
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		<pubDate>Fri, 06 Aug 2010 15:04:50 +0000</pubDate>
		<dc:creator>admin</dc:creator>
				<category><![CDATA[Artículos en Español]]></category>
		<category><![CDATA[coherencia]]></category>
		<category><![CDATA[Dunga]]></category>
		<category><![CDATA[líderes]]></category>

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		<description><![CDATA[¿Acierta Dunga al defender esta idea?]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>Coherencia es la palabra del momento, consagrada por el técnico Dunga, que la utilizó constantemente en los meses que antecedieron el Mundial de África del Sur, justificando la elección de los convocados a formar parte de la selección brasileña. Lo importante es ser coherente. Y me entra una duda: ¿ser coherente con qué?</p>
<p>En los ambientes de trabajo todos los profesionales – y especialmente los líderes – deben presentar una coherencia entre el discurso y la práctica. Quien dice una cosa y hace otra pierde la confianza de los demás, sean compañeros o clientes. Ya no aceptamos de nuestros jefes la filosofía “haz lo que te digo, pero no hagas lo que hago”. Sin coherencia no hay mando, el entrenador tiene toda la razón.</p>
<p>Éste es solamente un modo de ver el tema. Hay otros. La coherencia con el resultado, por ejemplo, que nos lleva a hacer todo lo posible para alcanzarlo y para que sea el mayor y mejor. Hay también la coherencia con la ética y, en este caso, el resultado será cuestionado si los medios adoptados no estén de acuerdo con los valores y principios de la organización. Otra coherencia es la adaptativa, que nos lleva a cambiar de idea – lo que es diferente de ser incoherente – porque tenemos nuevas informaciones, nuevas tecnologías o nuevas demandas. En fin, la coherencia merece una discusión caso a caso.</p>
<p>Hay un momento en la vida que la coherencia relativa no vale, sólo vale la absoluta, y este momento es en la entrevista de trabajo. El entrevistador es un experto en detectar incoherencias. Como profesional, sabe – créeme, lo sabe de verdad – si lo que estás diciendo sobre tus actitudes, virtudes, cualidades e intenciones es sincero o no pasa de un intento de impresionarlo. Una o dos preguntas objetivas son capaces de denunciar las incoherencias de un discurso.</p>
<p>Por lo tanto, nuestras atenciones deben estar dirigidas hacia dos coherencias. La primera es la coherencia entre nuestros propósitos y posibilidades, pues, sin ello, el presente miente, el pasado desmiente y el futuro no cree. Sé coherente. Ajusta tus palabras a tus actitudes y tus sueños a tus competencias. Y la segunda… sobre ésta tenemos que esperar… y conocer el resultado de la coherencia de Dunga.</p>
<p><em>Traducción: Nylcea Pedra (npedra@hotmail.com)</em></p>
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		<title>El poder del diálogo</title>
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		<pubDate>Mon, 21 Jun 2010 15:13:26 +0000</pubDate>
		<dc:creator>admin</dc:creator>
				<category><![CDATA[Artículos en Español]]></category>

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		<description><![CDATA[He observado que la gente está perdiendo la habilidad de dialogar. En el mundo actual, tan veloz, ¿el diálogo habrá perdido la importancia?]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>Después de muchos años reencontré a Roberta. Una de mis primeras amigas tras mi establecimiento en São Paulo, hace más de diez años. Ella y su marido Claudio fueron fundamentales para que me diera cuenta que podría crear relaciones de amistad y raíces en esta ciudad. Con el paso del tiempo, fuimos perdiendo el contacto a la medida que nuestros trabajos fueron ganando dimensión y espacio, pero la buena sensación de amistad y cariño ha permanecido, revelada por los recuerdos de muchas conversaciones. Era agradable hablar con los dos.</p>
<p>- ¿Qué tal, Roberta? Hace  mucho que no nos vemos, ¿verdad? ¿Cómo anda todo? Y, Claudio, ¿cómo está? – disparé, preguntando un montón de cosas a la vez, marca registrada de los encuentros tras largas separaciones.</p>
<p>- Yo bien, trabajando mucho, concluí el máster – y empezó a explicarme el tema de su tesina. Siempre la consideré una persona muy inteligente y centrada, por ello, no dudaba de su éxito académico. Me contaba con entusiasmo sobre sus actividades, pero no decía una palabra sobre su vida personal, sobre su matrimonio.</p>
<p>- ¡Enhorabuena! Estaba seguro que llegarías a lo más alto. ¿Y Claudio? ¿Sigue en la misma empresa? ¿Sigue jugando al fútbol?</p>
<p>- Por serte sincera, no lo sé. Estamos separados hace más de un año. ¿Nadie te lo dijo?</p>
<p>No, nadie me lo había dicho, incluso porque no teníamos muchos amigos en común. Aquella noticia me causó un efecto raro, como si alguien me contara sobre la quiebra de una institución. Consideraba la relación de ellos muy buena, un ejemplo.</p>
<p>- Lo siento. ¿Qué pasó? Eran siempre tan unidos, o por lo menos lo parecían.</p>
<p>- No sé explicarte muy bien. Lo que puedo decirte es que con el paso del tiempo las cosas fueron cambiando, hasta que nos dimos cuenta que no teníamos más diálogo. Mientras hablábamos de nuestros planes y dilemas personales las cosas andaban bien. Cuando dejamos de hablar, de abrir el pecho, de unir los corazones, la cosa dejó de funcionar. Preferimos separarnos antes que se acabara el respeto, una vez que el amor ya se había ido. También lo siento, pero fue bueno mientras duró.</p>
<p>Mi querida Roberta terminó haciendo un breve análisis técnico sobre el fin de las relaciones: “Fue buena mientras duró, y terminó por falta de diálogo”. Es difícil decir si el amor se disolvió por la falta de diálogo o si éste se rarificó por la volatilización de aquél.</p>
<p>La lección que queda de esta historia es el diálogo, la comunicación, la apertura de los corazones – en el decir de Robertiña – sea sintonía, sea causa, merece especial atención, puesto que puede ser la solución para todos los males, una vez que posibilita la unificación de las ideas, de los sentimientos, de los  sueños y también de las ofensas, que sólo pueden ser solucionadas si vistas a la luz, a claras. Si se construye un puente para unir las almas.</p>
<p>Este puente es el diálogo. Recordé un poema que escribí hace muchos años, cuando me rindieron homenaje en una graduación: “Elige ser un puente, caro joven, nunca un muro/ Puentes unen, muros separan/ Puentes ponen corazones en diálogo/ Muros enmudecen las intenciones y debilitan almas/ Elige ser un puente para alcanzar el futuro/ Un simples puente. Pero un puente que muestre el camino del amar”.</p>
<p>El diálogo no ha perdido importancia en el mundo actual, veloz, globalizado, tecnológico, cibernético, bloguero, tuitero. Aparentemente ha sido menospreciado por los que creen que no tiene nada en común con la modernidad y, principalmente, por todos los hombres o mujeres que pusieron, por culpa suya o no, la pirámide de los valores al revés.</p>
<p>Lo aclaro: diálogo es una intención e independe del medio. Es posible mantener un diálogo excelente con herramientas como el skype, el msn, el sms, etc. Herramientas que pueden ser bien o mal utilizadas como todo en la vida.</p>
<p>¿Cómo ocurre el verdadero diálogo?</p>
<p>¡A un monólogo contigo, prefiero un diálogo conmigo! La frase desahogo puede parecer un chiste, pero tiene algo de verdadera, puesto que no es poco frecuente que lo que parece ser un diálogo – dos personas hablando – sea, en verdad, un discurso unilateral, en el que uno de los dos habla y el otro solamente escucha. Aunque a veces sea necesario, no estamos ante un diálogo.</p>
<p>Saber dialogar es más que saber hablar. Dialogar presupone, antes de contestar, escuchar y analizar: “Dialogar es saber escuchar sin juzgar, sin tomar partido inmediatamente. Es saber respetar, incluir, utilizar filtros mentales adecuados. Dialogar es no tomar partido, definir lo que está bien o mal, no excluir lo que forma parte de mi visión personal”, dice la psicóloga Lamara Bassali, coordinadora de la Escuela de Diálogo de São Paulo.</p>
<p>De hecho existe una institución destinada a ayudar a personas y empresas (que son un conjunto de personas) a recuperar la capacidad de diálogo y, a partir de ahí, promover la “transformación de las experiencias humanas y la ampliación de la conciencia”, en la visión de sus fundadores (si quieres saber más, visita la página web: <a href="http://www.escoladedialogo.com.br/">www.escoladedialogo.com.br</a>).</p>
<p>Considerando que la vida es un conjunto de interacciones, el diálogo es su esencia.</p>
<p>“Dialogar es poner atención, es reunirse consigo mismo, con el otro, con la naturaleza”, sigue Lamara, que habla con dulzura, siempre mirando a los ojos de su interlocutor. Puede parecer raro frecuentar una escuela para aprender a dialogar, pero la idea no es nueva. La educación de los jóvenes de la Antigüedad – léase, Grecia – ya pensaba en ello. Educar era – y sigue siendo – el modo de estimular a los jóvenes a vivir autónomamente y colaborar con la polis, la sociedad, que en la época de los griegos antiguos estaba concentrada en la vida de la ciudad.</p>
<p>En las ciudades-estado griegas había un espacio destinado únicamente a la práctica del diálogo: el Ágora, el local para los cambios, para el ejercicio de la política, del comercio, de las ideas en general. En la Escuela del Diálogo hay un espacio semejante, destinado a estimular el diálogo libre, rico, respetuoso.</p>
<p>¿Es posible aprender a dialogar, a mejorar la capacidad de comunicarse y entender al otro?</p>
<p>En la  Antigüedad, cuando la formación de los jóvenes empezó a ser una actividad social de mayor relevancia, el estudio fue dividido en dos grandes capítulos. Uno era el de las Habilidades Ocupacionales, que buscaba dar al joven un oficio, una competencia técnica, operacional, artesanal, algo con un carácter científico, que le permitiera ser, lo que llamaríamos hoy, un empresario, un emprendedor o un técnico especialista.</p>
<p>El otro capítulo, destinado principalmente a los jóvenes de las clases más privilegiadas, estaba compuesto por las Artes Liberales, es decir, un conjunto de estudios cuyo propósito era el de proveer a los jóvenes con conocimientos y habilidades que les permitieran manejar con más facilidad las necesidades del ciudadano, del individuo que vive en sociedad y es capaz de utilizarse de su influencia para vivir feliz produciendo el bien.</p>
<p>Las llamadas Artes Liberales estaban divididas en dos capítulos: el Trivium y el Quatrivium. Estos, a su vez, en asignaturas. El Trivium estaba compuesto por gramática, retórica y dialéctica. El Quatrivium, en aritmética, música, geometría y astronomía.</p>
<p>Observa que el Trivium tenía por finalidad desarrollar al hombre como ser estructurado para la comunicación. La gramática nos enseña a manejar las palabras con la lógica en la construcción de frases, con la belleza del lenguaje. La retórica es el arte de hablar, del discurso, de la internalización de las ideas como medio de elevar el pensamiento.</p>
<p>En otras palabras, estarás preparado para vivir en sociedad, para aprovechar de ella y para colaborar con ella, cuando sepas organizar tus ideas, cuando tengas la habilidad de explicarlas y, claro, cuando estés preparado para escuchar al otro.</p>
<p>Solamente después de estar preparados para el diálogo se les presentaban a los jóvenes estudiantes las teorías de los números, de la materia y del espacio. Primero el hombre, después la ciencia. El pensamiento necesita del número, pero éste se pierde en una mente que no está preparada. Y dicho preparo viene de la capacidad de análisis, síntesis y deducción. La inducción viene después.</p>
<p>Como se ve, dialogar es fundamental para la propia condición humana. El diálogo con los demás empieza por el diálogo con uno mismo, que deriva de la yuxtaposición de ideas, de la fricción entre valores, del choque de los deseos, de la priorización de las necesidades. Siempre habrá dos, aunque dentro de uno. Y donde hay dos, surge la oportunidad del diálogo, del engrandecimiento por el compartir, del ennoblecimiento por el aceptar, de la humildad por el aprender.</p>
<p>Si miramos más de cerca vemos que el diálogo es la esencia de la vida, considerando que la vida es un conjunto de interacciones. En su libro <em>La segunda creación</em>, el biólogo inglés, Ian Willmut, famoso por ser el “padre” de la oveja Dolly, el primer mamífero generado con el proceso de clonaje, escribe sobre el diálogo como fuente de vida. Dice: “Los genes no operan aisladamente. Están en constante diálogo con las demás partes de la célula que, a su vez, responde a las señales de otras células del cuerpo que están en contacto con el ambiente externo. Cuando no se procesa correctamente este diálogo, los genes pierden el control, las células crecen desordenadamente y el resultado es un cáncer”.</p>
<p>Interesante la visión del geneticista: el cáncer es el resultado de la falta de diálogo. Podemos hablar de un cáncer orgánico, tumoral, pero también de un cáncer social, de las relaciones, que mata a una relación, a una amistad, a un negocio, a un matrimonio. Como fue el caso de mis amigos Roberta y Claudio, dos personas estupendas. Una lástima que el diálogo haya dejado de participar de esta relación, que debe ser a tres para ser una.</p>
<p><em>Traducción: Nylcea Pedra (npedra@hotmail.com)</em></p>
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		<title>Simplicidad</title>
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		<pubDate>Fri, 01 Jan 2010 23:02:26 +0000</pubDate>
		<dc:creator>admin</dc:creator>
				<category><![CDATA[Artículos en Español]]></category>
		<category><![CDATA[complejidad]]></category>
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		<description><![CDATA[¿Hay diferentes maneras de ser una persona sencilla?]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><strong> </strong>Resulta incluso gracioso. Hace más de siete años que escribo mensualmente para la revista VIDA SIMPLES<em> </em>y ésta es la primera ver que trato la simplicidad como protagonista de mi artículo. Ya escribí cómo simplificar la vida en el trabajo, cómo construir relaciones sin complicaciones, cómo ser sencillo en la comunicación. En todos estos casos, el tema central era otro – el trabajo, las relaciones, el diálogo – la simplicidad, aparecía como adjetivo, ocupando el papel de coadyuvante de lujo, como el consagrado actor que hace una participación en una película.</p>
<p>Este artículo es diferente, la simplicidad asume el papel de protagonista; es el centro, y todos los hechos de la vida pasan a gravitar a su alrededor, como los electrones de un átomo. Aparece, entonces, el primer dilema existencial del texto: ¿es posible que la simplicidad ocupe el puesto de término central de la oración, de núcleo del sujeto, que puede recibir complementos, pero que ya existe por sí mismo? Defiendo que sí, que la simplicidad puede recibir el estatuto de filosofía y, especialmente en este mundo tan complicado, puede guiarnos para el estilo de vida que deseamos cada vez que sentimos el peso de la complejidad apretando nuestro pecho como las manos de un gigante implacable.</p>
<p>Felizmente existe la idea de simplicidad y ésta es sencilla desde su origen. La palabra está formada por otras dos, de origen latino: <em>sin</em>, que significa único y <em>plex</em>, que quiere decir pliega. Ser simple significa tener una única pliega, lo contrario de <em>complejo</em>, que es tener muchas. Imagina una hoja de papel donde está escrito un mensaje. Quien lo escribió, dobló la hoja una única vez y te la entregó. Tú, con un único movimiento, pudiste abrirla y leer lo que estaba escrito. ¡Sencillo!</p>
<p>Ahora imagina la misma hoja doblada varias veces, como un origami (pero sin la belleza del arte japonés), muchos dobleces que revelan la preocupación del autor en esconder el contenido del mensaje. En este caso, necesitarás deshacer las dobladuras, una a una, hasta que puedas abrir la hoja, que deberá ser alisada antes de que consigas, finalmente, leer su contenido. Así es la vida en todas sus dimensiones: con una única o muchos dobleces.</p>
<p>Simplificar significa facilitar el acceso a lo que interesa, al contenido de los hechos de la vida, de las cosas que utilizamos y de los mensajes que queremos trasmitir. Eso lo explica todo. Por cierto, la palabra explicar significa “eliminar los dobleces”, alisar la hoja donde están nuestras ideas. Explica quien quiere simplificar. El que no lo quiere, complica.</p>
<p>¿Simplificar significa evitar la complejidad y crear una vida sin misterios? Existe una diferencia fundamental entre ser sencillo y ser simplón. Las personas sencillas a la complejidad la resuelven Las personas sencillas, resuelven lo que les parece complicado; las simplonas, lo evitan. Conozco personas sofisticadas, intelectualizadas, que llevan una vida plena, realizan trabajos difíciles, aprecian lecturas profundas, tienen hábitos peculiares y siguen siendo personas sencillas. También conozco personas simplonas, con poca profundidad, que realizan trabajos repetitivos, que tienen pocas ambiciones, que aprecian rutinas, evitan llevar una vida de aventuras y, así mismo, son complicadas, para ellas todo es difícil, casi imposible.</p>
<p>Ser sencillo no significa evitar lo complejo, abandonar la sofisticación, negar la profundidad, satisfacerse con lo trivial. Ser sencillo significa ver con ojos tranquilos la esfinge de la complejidad y descifrarla antes de correr el riesgo de ser devorado por ella.</p>
<p><strong>Simplificar significa facilitar el acceso a lo que interesa y a los mensajes que queremos trasmitir</strong></p>
<p>Hace unos días vi un video sobre la vida de Picasso. El pintor aparece dibujando la paloma que sería adoptada como el símbolo de la paz en el Congreso de la Paz de París. Es increíble cómo hace aquel dibujo tan simbólico de forma tan sencilla. Un leve trazado y allí estaba la paloma y su ramo de olivo. Sencilla como la paz.</p>
<p>El artista nos demuestra la sencillez con su genialidad, desarrollada tras largas horas de estudio y dedicación. Antes de ser sencillo, Picasso fue complejo, estudió anatomía humana, desvendó la obra de Cézanne, deformó caras, creó el cubismo, se profundizó en el arte africano, es decir, llevó mucho para conseguir hacer las cosas más sencillamente. Fue él quien dijo “se lleva mucho tiempo para ser joven”, atribuyendo a la levedad de la juventud, la madurez de ser sencillo.</p>
<p>¿Es una paradoja construir una vida sencilla en una sociedad moderna cada vez más exigente? Hiroshi creó la <em>Ecovila Clareando</em>, una comunidad autosostenible en el interior de São Paulo que atrae gente comprometida con la naturaleza y sus valores, como la sostenibilidad. Viven sin la ingenuidad de las “sociedades alternativas” de antiguamente, pero teniendo por filosofía la simplicidad. Hiroshi planta y produce prácticamente todo lo que necesita para alimentarse, domina las técnicas de construcción ecológica y de producción de energía limpia. No vive aislado, viaja, participa de congresos, da conferencias, toca la guitarra, compone canciones. Es alegre en periodo integral.</p>
<p>Goldberg es profesor de la New York University. Allí, realiza investigaciones sobre el cerebro humano y habla de su funcionamiento de manera comprensible. Escribió algunos libros, entre ellos <em>La paradoja de la sabiduría</em> donde afirma que, pese al envejecimiento del cerebro, la mente puede mantenerse joven. Sus textos son un excelente ejemplo de cómo se puede simplificar lo complejo: habla de neurofisiología y todos le entienden.</p>
<p>Goldberg también es sencillo en su vida personal. Vive a una cuadra del Central Park y su consultorio está al otro lado de la calle. Tiene un mastín napolitano llamado Brit que le acompaña a todos los sitios. Como ruso, le encanta comer caviar, que compra a un precio módico en el importador, que es su conterráneo. El científico es una isla de simplicidad en un mar de complejidad.</p>
<p>No podría imaginar dos vidas tan diferentes y tan parecidas a la vez. La diferencia se registra en el ambiente en que viven y lo semejante, en sus conductas ante la vida. Los dos tienen la levedad propia de las que decidieron no complicar, sin por ello, abandonar sus deseos, proyectos, objetos, pequeños caprichos, es decir, la vida. Personas como éstas, que eligen la simplicidad, tienen algunos rasgos en común. Presento cinco de ellos:</p>
<p>- Son desapegadas: no acumulan cosas, usan racionalmente lo que tienen, donan lo que ya no van a utilizar;</p>
<p>- Son asertivas: van al grano con naturalidad, aunque sea para dar un no como respuesta, sin miedo de decepcionar; no inventan excusas y tampoco dificultan lo que dicen;</p>
<p>- Ven belleza en todo: en una flor en el campo y en un cuadro de Renoir; en una canción tocada en una guitarra y en una sinfonía de Mahler; en una magdalena y en la alta gastronomía;</p>
<p>- Tienen buen humor: se ríen de sí mismas e incluso ante las dificultades, hacen comentarios graciosos, reduciendo los problemas a lo trivial;</p>
<p>- Son honestas: consideran la verdad lo más importante, aunque a veces pueda ser dura, es la manera más segura de relacionarse con el mundo.</p>
<p>Ser sencillo, definitivamente, no es abdicar de nada. Es posible apreciar el confort, la sofisticación intelectual, las artes, el placer de la culinaria, la aventura de los viajes y seguir siendo una persona sencilla.</p>
<p>Ser sencillo no es contentarse con lo mínimo para mantenerse vivo, pues no somos sólo un cuerpo, sino también imaginación, intelecto, sensibilidad y alma. Y esta última, es sencilla, pero no pequeña, salvo que uno quiera que lo sea. Si éste es el caso, ya no hay nada que hacer.</p>
<p><em>Traducción: Nylcea Pedra (npedra@hotmail.com)</em></p>
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		<title>Viajar para vivir</title>
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		<pubDate>Fri, 01 Jan 2010 23:01:23 +0000</pubDate>
		<dc:creator>admin</dc:creator>
				<category><![CDATA[Artículos en Español]]></category>

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		<description><![CDATA[Ampliamos nuestra mente al viajar pues abandonamos la zona de confort en que habitualmente vivimos. ¿Cómo desarrollar un espíritu viajero y disfrutar los viajes?]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>Sea por trabajo, placer o ganas de aprender, he viajado y mucho. Estuve en todos los estados de Brasil – en algunos, más de una vez – y en gran parte del mundo. En estos viajes conocí cosas interesantes y otras no tanto. Estuve en los más variados lugares, algunos maravillosos, otros lamentables, pero de cada uno de ellos guardo recuerdos y experiencias que me ayudaron a ser mejor persona.</p>
<p>También conocí a muchas personas interesantes. Tengo una colección de gente con las cuales interaccioné y de las cuales aprendí cosas. Recuerdo, por poner un ejemplo, a un señor estadounidense que se sentó a mi lado en un vuelo para Belén do Pará, en 1990. Antes de embarcar, había comprado <em>El viaje alucinante II</em>, de Isaac Asimov, mi autor de ciencia ficción preferido.</p>
<p>Embarqué queriendo acomodarme cuanto antes para empezar la lectura.  El avión despegó mientras miraba las páginas iniciales: Foto: Daniel Aratangy; Ilustración: Buia; etc. Entonces me di cuenta que el señor de al lado tenía el cuerpo ligeramente inclinado hacia mí y los ojos puestos en el libro. Su actitud me molestó y le miré con una cara seria. Me sonrió y me preguntó: &#8211; ¿Habla usted inglés?</p>
<p>Tardé un rato para darme cuenta de que hablaba conmigo, en un inglés de estadounidense nativo. – “Excuse me, do you speak English?” Me causó cierta gracia la coincidencia porque el libro empezaba con una chica dirigiéndose a un científico en un congreso, preguntándole: “Habla usted ruso?” Coincidencia o no, el hecho acabó con mi resistencia.</p>
<p>- Yes, but… Sí, pero no mucho – contesté, tratando de devolver la sonrisa que me había regalado.</p>
<p>- Es mejor que mi portugués, ¡seguro! – agregó. Vi que está leyendo <em>El viaje alucinante</em>, de Asimov, hace dos años este libro fue lanzado en Estados Unidos. ¿Le está gustando?</p>
<p>- Empecé a leerlo ahora, pero creo que me gustará. Me gusta Asimov porque utiliza fundamentos científicos posibles en sus novelas de ficción, no es como muchos que simplemente utilizan palabras de la ciencia para engañar al lector.</p>
<p>- Estoy de acuerdo. Quizá sus historias, como los viajes interestelares, puedan realizarse en el futuro. Por cierto, a él le gusta escribir sobre los viajes. ¿Ha observado usted que a la gente le encantan los libros que relatan viajes?</p>
<p>- Nunca me lo había planteado, pero creo que usted tiene razón, viajar es un gran deseo humano. Además de eso, cuando uno lee, viaja. Tanto el viaje como el libro nos pone ante lo desconocido lo que es excitante y atemorizante a la vez.</p>
<p>- Es cierto. Todos los grandes libros son excitantes y atemorizantes. Piense en Homero, el primer gran autor. En la <em>Odisea</em>, tras la guerra, Ulises trata de regresar a casa e inicia un viaje repleto de aventuras. Al mismo tiempo, Telémaco, su hijo, sale de viaje a buscarlo. Esta historia puede ser definida como el viaje para encontrar el destino cada uno de ellos.</p>
<p>Empezaba a caerme bien el estadounidense. Tenía muy buen humor, sabía de literatura y terminaba de hacer un rápido análisis psicológico de un clásico. Decidí seguir la conversación. Tendría siempre la excusa de volver a leer.</p>
<p>- Camoes escribió algo parecido en <em>Los Lusiadas</em>. Como Ulises y Telémaco, Vasco da Gama es protegido por algunos dioses y perseguido por otros. ¿Se ha dado cuenta que en las dos novelas el objetivo del viaje es regresar a casa? Pienso que éste sería el objetivo de cualquier viaje. Regresar a casa.</p>
<p>- O regresar a sí mismo – prosiguió mi compañero de viaje -. Ver el exterior para comprender mejor el interior. Tiene razón en cuanto al destino final. Piense en el caso del Lord Phileas Fogg, en <em>La vuelta al mundo en 80 días</em>. Parte de Londres con destino a Londres. Viaja para el este y regresa por el oeste. Cuando regresa, es otra persona, más humilde, mejor. Está enamorado de una princesa que conoció en India, pero, en realidad, desarrolla una nueva pasión por la vida. Por la aventura y por el amor, reencuentra al hombre que había sido y del cual se había alejado a causa de las obligaciones y convenciones sociales, imperantes en la Inglaterra victoriana.</p>
<p>- Vuelve diferente, mejor que antes de partir. ¿Podemos concluir que el regreso es la mejor parte de un viaje? – le pregunté.</p>
<p>- No, la mejor parte es el aprendizaje. Piense en el caso de los libros del escritor brasileño de mayor éxito en el mundo en la actualidad. Sus personajes sólo regresan a casa tras aprender algo y transformarse en mejores personas. (Se refería a Paulo Coelho que en aquella época había presentado sus dos primeros libros, los dos tratando de viajes).</p>
<p>- En su opinión, ¿los viajes son tan atractivos porque son una metáfora de la vida? En este sentido, este libro de Asimov es perfecto, porque el viaje al que se refiere se realiza hacia dentro del cuerpo de una persona, con el detalle de que, en un submarino miniaturizado, llegan hasta el cerebro, centro del pensamiento.</p>
<p>- La metáfora de Asimov es estupenda y el título mejor aún. Nuestro interior es el territorio más misterioso. No me refiero al cuerpo, sino al alma humana. Todos nacemos viajeros, aunque muchos no viajen, porque el verdadero y fantástico viaje es el de la propia vida.</p>
<p>- El verdadero y fantástico viaje es el de la propia vida… &#8211; lo pronuncié lentamente para mí mismo, reacción de quien tiene un <em>insight</em>.</p>
<p>De aquel encuentro han pasado más de veinte años. No me acuerdo el nombre del viajero y tampoco si éste fue el diálogo. Recuerdo el tema que tratamos y que estaba viviendo en Brasil porque se había enamorado de una brasileña del Norte, luego de nuestra cultura, música y comida. Recuerdo las analogías del viaje con la vida, el hecho de que lo bueno y lo malo, las alegrías y malos momentos, las idas y venidas de un viaje son la paráfrasis perfecta de la existencia humana. Recuerdo, finalmente, que citó a Bob Dylan antes de reclinar su asiento y dormir hasta el final del vuelo:</p>
<p>- Yes, my friend: “Life is nothing but a trip” (“La vida no es más que un viaje”). Me dejó con el libro en las manos, la cabeza llena de ideas y el corazón latiendo con el pensamiento de que la vida es un viaje fantástico. Desde entonces, no he dejado de considerarme un viajero, sea en otro continente, sea en mi barrio.</p>
<p>¿Para evitar sorpresas desagradables, es fundamental definir el plan de viaje? Me gustan dos tipos de viajes: los que planeo en los más mínimos detalles y los que hago sin ningún plan. Está claro que los viajes planeados son más cómodos, con menos sorpresas, pero no podemos olvidarnos de que las sorpresas forman parte del viaje. Viajamos para sorprendernos con el mundo. Hoy día, prefiero planear hasta cierto punto, como definir las fechas de ida y vuelta, reservar algunos hoteles, pero dejo espacio para lo imprevisible, para la aventura.</p>
<p>Viajar es una de las mejores sensaciones de la vida. El dinero aplicado en un viaje no es un gasto, sino una inversión. Su retorno viene en forma de cultura, de comprensión, de percepción, de experiencia y, principalmente, en forma de vida. Un viaje no termina en el regreso. Sigue en nuestro recuerdo en forma de imágenes, sonidos, olores, texturas.</p>
<p>Recuerdo cuando viajé al Sahara con Avi, un amigo israelí. Él conducía un camión preparado para aquellas condiciones del desierto. De repente, puso el brazo fuera de la ventana, apuntando para un lugar en medio de la arena y dijo:</p>
<p>- Un nómada. Entrecerré los ojos e intenta encontrar el habitante del desierto a que se refería, pero lo máximo que vi, además de la arena, fue un pequeño movimiento que me hacia recordar el agua sobre las dunas – era la ilusión causada por las olas de calor que el suelo devuelve a la atmósfera. Notando mi dificultad, paró el camión y nos bajamos.</p>
<p>Entonces vi a un hombre y su camello, los dos tenían el mismo color, el color del desierto, todo en una bella y perfecta armonía.</p>
<p>- ¿Adónde va? – pregunté por decir algo y cortar el silencio elocuente del desierto.</p>
<p>- Siempre está en movimiento – me explicó mi amigo. No necesita tener un lugar para ir. Es un nómada que no sale del desierto, pero siempre está viajando porque ésta es su esencia. El habitante del desierto no se detiene, como las dunas que se mueven permanentemente. Sabe que, si para, puede ser cubierto por la arena.</p>
<p>Así somos todos nosotros, occidentales urbanos, que necesitamos estar siempre en movimiento para no ser cubiertos por el polvo del tiempo y el moho de la acomodación. Un viaje puede no ser la vida, pero es una bella metáfora de ella, pues nos enseña una realidad mayor y nos abre el alma para el entendimiento.</p>
<p>Sin embargo, vale recordar que un viaje está formado por partes y, una de ellas, es regresar a casa. Es feliz quien considera éste uno de sus mejores viajes. Entre otras cosas, viajar nos enseña a amar nuestro hogar, nuestro país, nuestra gente. Como dijo Goethe, sabio es el que consigue crear, para uso propio, “raíces y alas”, las dos grandes posibilidades humanas.</p>
<p><em>Traducción: Nylcea Pedra (npedra@hotmail.com)</em></p>
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		<title>El dilema de los ingenieros</title>
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		<pubDate>Fri, 01 Jan 2010 23:00:07 +0000</pubDate>
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		<category><![CDATA[ingeniero]]></category>
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		<description><![CDATA[El dilema no es exclusivo de los ingenieros, pero, actualmente, la presión es mayor sobre ellos. Los ingenieros ocupan cada vez más habitualmente puestos de liderazgo en las empresas. El caso es que salen de la escuela con buena formación técnica y un pensamiento lógico estupendo, pero sin flexibilidad para tratar con personas. Éste es [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>El dilema no es exclusivo de los ingenieros, pero, actualmente, la presión es mayor sobre ellos. Los ingenieros ocupan cada vez más habitualmente puestos de liderazgo en las empresas. El caso es que salen de la escuela con buena formación técnica y un pensamiento lógico estupendo, pero sin flexibilidad para tratar con personas. Éste es el gran desafío. Conocen resistencia de materiales, pero tienen que motivar a sus equipos.<br />
También dominan los cálculos de estructura, pero tienen que administrar conflictos en sus equipos. De acuerdo, no es una catástrofe, pues los ingenieros suelen ser buenos administradores. Sin embargo, es importante recordar que la ciencia de la administración tiene peculiaridades que no dependen exclusivamente de la lógica. Es necesario un conocimiento específico, principalmente cuando se trata de gestión de personas, de liderazgo. La responsabilidad con la formación complementaria es de uno mismo – esta es la primera regla y, por suerte, hoy día hay estupendas escuelas de administración y negocios.<br />
Las empresas intentan cumplir con su parte. Recientemente, he escuchado el desahogo de un director de una gran contratista: &#8211; Antes, un ingeniero se hacía gerente tras quince años de trabajo. Actualmente, tenemos que promover quien tiene cinco años o menos. Estamos seriamente preocupados con la falta de líderes. En esta ocasión me acordé de otra gran multinacional brasileña que tuvo que disminuir su ímpetu de crecimiento exactamente por el mismo motivo: falta de líderes. Es cierto, jóvenes con formación técnica y con perfil de liderazgo son como mosquitos blancos. Para los más atentos, este es un momento de grandes posibilidades – basta unir los puntos.<br />
Un buen ingeniero sabe que el concreto armado revolucionó la construcción en el siglo 20 y posibilitó la concretización de los sueños de los arquitectos. Es importante recordar que la gestión también sufrió su revolución y posibilitó la realización de los sueños de los emprendedores. Al fin y al cabo, administrar es posibilitar la transformación de algo abstracto en algo concreto, armado o no. Y, para ello, personas son esenciales.</p>
<p><em>Traducción: Nylcea Pedra (npedra@hotmail.com)</em></p>
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		<title>El paso del tiempo</title>
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		<pubDate>Fri, 01 Jan 2010 22:58:20 +0000</pubDate>
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		<description><![CDATA[Pasa el tiempo y nos quedamos con la sensación de que nunca lo aprovechamos como deberíamos. ¿Existe un modo de conciliar la vida con el tiempo que la consume?]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>Los griegos, que encontraban explicación para todo en las fuerzas emanadas por el monte Olimpo, no se contentaban con tener un sólo dios del tiempo, tenían dos: Kronos y Kairós. Un único dios griego no sería suficiente para explicar la relación del hombre con el tiempo, tamaña la tensión existente entre ambos.<br />
La única hazaña en la que el hombre logró superar el tiempo fue en la de conseguir medirlo. Para ello, analizó ciclos, como los movimientos de la Luna y del Sol, observó su efecto sobre la naturaleza y, entonces, estandarizó los tiempos del año, de las estaciones y de los días, posteriormente divididos en fracciones, llamadas horas, minutos, segundos. En su arrogancia, el hombre creyó que, al medir el tiempo, lo controlaría. Dulce ilusión. Las medidas sirvieron para aumentar la sensación de paso veloz del tiempo, que nos escurre por las manos, como agua.<br />
No todo está perdido. Nosotros, humanos, podemos ser únicamente simples mortales, pero tenemos una herramienta que nos permite controlar, si no el tiempo, nuestra propia existencia. Esta herramienta se llama conciencia. Ella nos permite convivir con el tiempo basándonos en tres visiones: la de la física, de la metafísica y de la ética. Desde el punto de vista físico, el tiempo puede ser medido. En el ámbito de la metafísica, puede ser sentido. Y, de acuerdo con la ética, el tiempo debe ser vivido.<br />
La física es la relación más obvia. Con un objeto físico pasamos a medir el tiempo: el reloj. Sin embargo, él sólo nos avisa que el tiempo pasa – qué haremos con esta información es nuestro problema. Desde el punto de vista de lo que está más allá de la física, el tiempo es un sentimiento, por lo tanto tiene duración variable, contrariando a los relojes. Un ejemplo: dos minutos en el dentista son más largos que 16 minutos escuchando Bolero de Ravel al lado de la persona amada.<br />
En cuanto a la ética, nos alerta de un hecho obvio para los más consientes: el tiempo es un recurso escaso que no puede ser repuesto y su calidad depende de lo que hagamos con él. Como dice Marcel Proust: “El amor es el espacio y el tiempo hechos sensibles al corazón”. Y él entendía del tema, pues se dedicó más de una década a la escritura de cerca de 4 mil páginas, publicadas en siete tomos dedicados a la relación humana con sus valores, entre ellos, el tiempo. A esta obra completa el autor francés intituló En busca del tiempo perdido. En el último tomo, El tiempo reencontrado, hace varias incursiones al pasado y descubre que sólo la memoria puede depararse con el tiempo y que nuestra paz interior es proporcional a lo que la memoria encuentra en este regreso al pasado, es decir, la cualidad que le dimos al tiempo que nos fue dado a vivir.<br />
<strong><br />
Podemos sentir el tiempo y medirlo. Entonces, ¿está a nuestra disposición?</strong></p>
<p>El tiempo está a nuestra disposición, pero es él el que dispone de nosotros, por ello, establecer con el tiempo una relación de paz es un acto de sabiduría. Sentir y medir el tiempo son cosas semejantes, pues los dos nos permiten observar su paso ininterrumpido. ¿Cómo? Bien, medir y sentir el paso de las horas son iniciativas útiles, pues nos ayudan a decidir qué haremos con el tiempo que disponemos. De este modo, nuestra paz con el tiempo es directamente proporcional a la paz que establecemos con nuestras elecciones y decisiones. Y estas, son personales, relativas a los valores de cada uno.<br />
El científico inglés Stephen Hawking, que ocupa en la Universidad de Cambridge la misma silla que fue ocupada por Newton, escribió un libro titulado Una breve historia del tiempo. En determinado momento, en medio a intrincados conceptos científicos, pondera que el tiempo tiene que ser analizado con base en tres flechas: la flecha cosmológica, que explica la expansión del Universo; la flecha termodinámica, que explica el constante cambio de las cosas; y la flecha psicológica.<br />
El físico más importante de la actualidad no logra analizar los hechos del tiempo sin recurrir a la psicología. Los intrincados enigmas de la materia se relacionan desde siempre con los misterios del tiempo, pero, cuando el hombre pasa a protagonizar esta puesta en escena, en el escenario del Universo, sus pensamientos y sentimientos agregan nuevos ingredientes al guión, a veces de comedia, a veces de tragedia.<br />
La mayor contribución de la física en este tema es la idea de la relatividad. Los sofisticados descubrimientos de Einstein sobre la velocidad de la luz nos condujeron a abandonar la idea de tiempo único y absoluto. De este modo: “El tiempo se ha convertido en un concepto más personal, más relativo al observador que lo está midiendo”, dice Hawking. Nuestra relación con el tiempo se construye basada en nuestros valores, opciones, decisiones y culpas. El tiempo es psicológico. Dedico más tiempo a lo que me vale más. Lo difícil es conocer nuestros valores.<br />
Volviendo a los griegos, Kronos es el dios del tiempo medido, por eso utilizamos expresiones como cronograma, cronología, cronómetro. En los libros de mitología, es representado como un dios malo, que come sus propios hijos, simbolizando lo que hace el tiempo con nosotros actualmente – parece que nos devora. Al paso que Kairós es el dios del tiempo vivido, de las decisiones que tomamos, de la manera como aprovechamos la vida. Kronos es cuantitativo, Kairós es cualitativo.<br />
La primera sensación es la de que Kronos es inimigo y Kairós, amigo. El primero quiere subyugar y el segundo liberar. Mera sensación, pues, en la práctica, necesitamos de ambos, una vez que no podemos elegir la felicidad sin organizarnos para alcanzarla. Kairós nos da la mano, Kronos nos empuja. Pero es necesario saber qué queremos y que logremos organizarnos.<br />
<strong><br />
¿La sabiduría consiste en establecer una conexión entre los valores personales y la gestión del tiempo disponible?</strong></p>
<p>La mitología ilustra muy bien esta agonía humana. Zeus, el más poderoso dios del Olimpo griego, era hijo de Kronos, pero ninguno de los dos conocía este parentesco, mantenido en secreto por Rea, madre de los hijos de Kronos. Zeus sólo asume la posición de poder cuando le enfrenta y le vence a Kronos en una batalla. Había sido sabiamente instruido a no matar su opositor, pues estaría matando el propio tiempo y entonces se quedaría aprisionado en el instante, sin futuro ni memoria.<br />
La estrategia de Zeus fue vencer a Kronos cortándole los tendones y atando su cabeza a los pies, creando un círculo con su cuerpo. A partir de entonces, el dios del tiempo también pasó a ser el dios de las acciones repetitivas, como el día y la noche y las estaciones del año, eventos cíclicos.<br />
En la práctica, Zeus conquistó a Kronos y le dominó, le administró. Nuestra vida moderna no es muy diferente de eso. Todos tenemos 24 horas a cada día a nuestra disposición, pero estoy seguro de que conoces personas que aprovechan bien estas horas, producen, trabajan, estudian, se cuidan, se divierten, cultivan las relaciones. Y también conoces a otros que se quejan de la falta de tiempo, de la velocidad de los acontecimientos, de la sensación de impermanencia y de la falta de control. En la práctica, lo que ocurre es exactamente la falta de control, de acción de la lógica en la organización de sus prioridades. La agenda no esclaviza, al contrario, libera, confiere autonomía, posibilidades, alcances.<br />
Gestión es la segunda palabra clave. La primera es elección. Hacemos nuestras elecciones basados en nuestros valores y creamos estrategias para alcanzar nuestros propósitos. Estrategias dependen de recursos, entre ellos, el más caro y raro: el tiempo.</p>
<p><strong>¿Lo ideal sería establecer una relación lógica entre presente, pasado y futuro?</strong></p>
<p>Se dice frecuentemente que lo único real es el presente, pues el pasado ya no existe y el futuro está por venir. Hay una lógica en esta observación, pero es una lógica primitiva, pues los tiempos son totalmente interconectados e interdependientes.<br />
Es cierto que el presente es la única realidad práctica, pero también es verdad que es en este instante que se insertan el pasado y el futuro. En la dimensión temporal actual, el pasado recibe el nombre de memoria y el futuro tiene varios seudónimos como sueño, deseo, miedo y esperanza.<br />
El futuro no es algo que va a existir. El futuro existe ahora. A propósito, el futuro sólo existe en el presente, porque, cuando en futuro, el futuro será presente y dejará de ser futuro. Parece obvio, pero escapa a la percepción cotidiana de la mayoría de la gente. Y también escapa el hecho de que el futuro se volverá presente y, cuando ocurra, será mejor o peor, dependiendo de las medidas tomadas en el presente, en este exacto momento.<br />
En otras palabras, vivimos únicamente el presente, pero estamos fuertemente conectados al pasado que nos enseña y al futuro que nos motiva. Vivir es estar atado a esa tríade temporal, dulce o amarga, dependiendo de la conciencia de cada uno. Reatar con el tiempo es la verdadera sabiduría. Sin embargo, “la sabiduría no se trasmite, es necesario que la descubramos haciendo una caminada que nadie puede hacer en nuestro lugar y que nadie nos puede evitar, porque la sabiduría es una manera de ver las cosas”, también dice Proust.<br />
De hecho, la sabiduría es una manera de ver las cosas, y exige intención, disposición y valor. El problema es que desarrollamos esas tres cualidades en diferentes épocas de nuestras vidas, por ello la madurez a veces tarda, pues depende del tiempo. Este mismo tiempo que exige madurez para ser bien elegido y controlado, en otras palabras, para ser muy bien vivido.</p>
<p><em>Traducción: Nylcea Pedra (npedra@hotmail.com)</em></p>
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		<title>Atención a los hijos</title>
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		<pubDate>Fri, 01 Jan 2010 22:50:25 +0000</pubDate>
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		<description><![CDATA[La dificultad de muchos padres en dar atención a sus hijos es cada vez más evidente. ¿Qué se puede hacer?”
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			<content:encoded><![CDATA[<p>El educador Paulo Freire decía que había aprendido a leer antes de aprender a leer. Es que “antes de leer las letras”, ya sabía “leer el mundo”. “La lectura del mundo precede a la lectura de la palabra y la lectura de la palabra no puede prescindir de la lectura del mundo”, escribió. En la visión del más importante educador brasileño, aquél que no aprende a interpretar lo que el mundo a su alrededor tiene a decirle, tendrá una inmensa dificultad en comprender lo que las palabras impresas en un libro quieren transmitir.<br />
Aprendemos varios otros lenguajes antes de aventurarnos en el lenguaje escrito. Es la familia, el hogar al cual pertenecemos, que nos enseña la primera lectura. La descripción hecha por el viejo maestro sobre su infancia y su relación familiar es extremadamente bonita: “Me veo en la casa donde nací, en Recife, cercada por árboles, algunos de ellos eran como personas, tamaña la intimidad que teníamos – en su sombra jugaba y en sus ramas más dóciles me ponía a prueba en riesgos menores que me preparaban para los riesgos y aventuras mayores de la vida que iba a vivir.” Prosigue: “La vieja casa, sus cuartos, su pasillo, su buhardilla, las flores de mi madre, el amplio jardín, fueron mi primer mundo. En ella anduve a gatas, dije las primeras sílabas, me levanté, caminé, hablé. De cada una de estas cosas iba aprendiendo y también de la relación con mis hermanos mayores, con mi madre y mi padre, e incluso con los gatos de la familia – que se liaban en nuestras piernas, con sus maullidos de súplica o de rabia”.<br />
La cita anterior fue retirada de un texto de Paulo Freire sobre la importancia de la familia en la construcción del carácter y de la competencia social y productiva de los jóvenes. Para muchos, la familia es la principal célula del tejido social y su grado de organización y salud determina el grado de fortaleza de la sociedad como un todo. Para otros, la familia es una idea burguesa de núcleo conyugal con el objetivo de dar continuidad a los negocios y al patrimonio por herencia. Para Paulo Freire, es el lugar donde empezamos la lectura del mundo, el ambiente que contribuye decisivamente en la formación de nuestro carácter y de nuestro destino. Coincido con Paulo Freire.<br />
La familia equipo<br />
La reflexión del texto del educador trata sobre el hecho de que las responsabilidades de los padres son mayores que proveer comida, seguridad, educación y salud. Los padres enseñan a sus hijos a leer el mundo. Y la duda que nos alcanza como un golpe de boxeo es: ¿cómo hacerlo?<br />
La sociedad de la postguerra y la contemporánea, en particular, desarrollaron nuevas características, nunca antes observadas por la humanidad y que nos indican que la familia ya no es lo que fue. La madre trabaja, es una profesional, tiene proyectos propios. El padre también trabaja mucho, no puede parar de estudiar y está mucho tiempo fuera. Los hijos tienen que cumplir una agenda que incluye muchas cosas además del colegio. Éste es el escenario para la proliferación de la angustia que asola el corazón de los padres de hoy en día: “¿será que lo estoy haciendo de forma correcta?”<br />
Me identifico con quien confiesa la angustia de no tener más tiempo para estar con sus hijos pequeños, escuchando sus dudas, leyendo cuentos, apoyándolos en las primeras iniciativas, entendiendo sus dilemas. Viví este capítulo intensamente. Aprendí a duras penas – padre poco experto que era – que el hogar es el primer mundo en que vive un niño y, con lo que encontrará en el mundo exterior, puede significar un gran peligro si, en su primer ambiente, no recibe indicaciones de realidad, aunque atenuadas.<br />
Los niños, en el hogar, desarrollan su sistema inmunológico contra las frustraciones<br />
En casa los niños empiezan a crear su sistema inmunológico contra las frustraciones de la vida. La escuela es la segunda instancia, la familia es la primera. Autoestima, autoconfianza, responsabilidad, respeto, curiosidad y determinación no se aprenden en los libros – se desarrollan en la práctica a través de estímulos y ejemplos. Más que el conocimiento teórico, son estas las características que definen las aptitudes de una persona. Estudiar es bueno, aprender, mejor. Y aprender supera el estudiar porque incluye la vivencia.<br />
Si la familia es un tipo de equipo, cada uno tiene sus tareas, sus responsabilidades, sus roles a representar. La convivencia exige atención, preparo y organización de los padres, los líderes naturales. Definir horarios para la convivencia familiar no desmerece la relación. Al contrario. La engrandece, una vez que demuestra la importancia que se le da a la familia. El trabajo es importante, pero la familia es fundamental. ¿Por qué destinar a la familia el tiempo que sobra? ¿La convivencia con los suyos vale menos que con los demás?<br />
Personas productivas son aquellas que bien aprovechan su tiempo, administran con competencia sus horarios y, de este modo, logran atender más compromisos que los “perdidos en el tiempo”, que son muchos, infelizmente.<br />
Existe otra premisa básica: podemos evaluar las relaciones teniendo en cuenta el criterio de cantidad, pero también podemos hacerlo basados en la calidad. En otras palabras, más importante que dedicar mucho tiempo a los hijos, es proporcionarles una intensa y bella convivencia. En una escuela infantil la profesora provocó a sus alumnos con la siguiente cuestión: “¿Cuándo te gusta más tu padre?” La mayoría contestó algo como “Cuando me lleva de paseo”. Un chico dijo: “Me gusta más cuando está entero a mi lado”. Sabía lo que estaba diciendo.<br />
Para un niño, estar por entero a su lado significa que el padre no está, al mismo tiempo, leyendo el periódico, viendo la tele o hablando con alguien. Los niños, en un papel secundario, sienten que no les dan importancia e, incluso, que molestan. Estar por entero significa, mirar a los ojos, escuchar verdaderamente sus palabras, contestar con cuidado sus indagaciones. Estar por entero significa ser honesto, verdadero, coherente. Es mejor ser padre por entero por una hora que un padre parcial por diez.<br />
Lecciones de la naturaleza<br />
Los biólogos nos dan una información muy interesante: la especie humana, entre todas las del planeta, es la más frágil. No somos los más fuertes ni los más veloces, tampoco disponemos de equipos de ataque y defensa, como garras aguzadas y colmillos salientes. No somos numerosos como los insectos, tampoco tenemos caparazones de protección como los cangrejos y caracoles.<br />
Aún así, logramos dominar las demás especies y controlar la naturaleza (mejor dicho, descontrolar). ¿Cómo lo hemos logrado si somos desprovistos de equipos anatómicos de supervivencia? Tenemos un cerebro – además de un pulgar opositor que nos permite manipular objetos. Un cerebro como el nuestro posibilitó la confección de herramientas y el desarrollo de estrategias de supervivencia y dominio. Lo demás es historia.<br />
Y nos ha ayudado no solamente en la parte lógica. También nos ha dado el sistema límbico, el componente neurológico por el cual experimentamos sentimientos y emociones, somos capaces de amar, añorar, tener celos, rabia, miedo, placer, envidia y ambición.  Ésta fue la parte del cerebro responsable por la tendencia humana a formar grupos, a unirse, y, de este modo, aumentar la oportunidad de supervivencia y control del medio ambiente. El primero de estos grupos fue la familia.<br />
Los humanos son la especie en la que los hijos permanecen más tiempo con sus padres, lo que, unido a la capacidad de pensar, tener memoria y dominar el concepto de tiempo, creó un sistema en el cual una generación pasa a la otra todo el conocimiento que adquirió. Una tortuga cuando nace es igual a otra que nació hace miles de años, pues la tortuga madre y la tortuga padre sólo transmiten a sus hijos su carga genética. En nuestro caso, además de la carga genética, los padres entregan a sus hijos la carga cultural que aprendieron con la generación de los abuelos, que, a su vez, aprendieron con sus padres y así sucesivamente. Denominamos civilización a esta línea unida por las generaciones, que se originó de la capacidad que tiene el ser humano de amar y cuidar a sus hijos, enseñándoles habilidades.<br />
Tener hijos es un propósito de la naturaleza, de la sociedad y de cada uno de nosotros. Requiere atención, lógica, inteligencia y amor. Además de sentirse amados, nuestros hijos esperan que les enseñemos a “leer el mundo”. Somos diferentes de las demás especies. Somos proveedores de sentimientos y conocimientos. Nos responsabilizamos por los que cautivamos, como dice Saint-Exupéry, pero somos aún más responsables por los que generamos. Kahlil Gibran nos lo alerta en su bello poema sobre los hijos: “La vida no retrocede y no se retarda en el ayer/ Eres el arco del cual tus hijos, como flechas vivas, son disparados/ Que tu inclinación, en la mano de arquero, sea para la alegría.”</p>
<p><em>Traducción: Nylcea Pedra (npedra@hotmail.com)</em></p>
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